El Ojo Espejo. La autoría: del collage al comisariado de exposiciones – David G. Torres
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El Ojo Espejo. La autoría: del collage al comisariado de exposiciones. El espejo fragmentado de la autoría contemporánea.En una época donde la figura del comisario ha adquirido un protagonismo inédito en el panorama artístico contemporáneo, David G. Torres nos entrega una reflexión tan necesaria como provocadora sobre la naturaleza de esta nueva forma de autoría. “El ojo espejo” no es simplemente un libro sobre comisariado; es una interrogación profunda sobre los modos de creación y mediación cultural en el siglo XXI. Torres, profesor de Arte Contemporáneo en la Universidad Autónoma de Barcelona y comisario de exposiciones como “Punk. Sus rastros en arte contemporáneo”, adopta una estrategia metodológica coherente con su objeto de estudio: construir un “ensayo comisariado” que aplica la deriva como principio organizativo. Esta decisión formal no es casual, sino que constituye el núcleo mismo de su argumento. Si comisariar es “poner cosas juntas” para generar narrativas, Torres pone juntos fragmentos, derivas del pensamiento y encuentros casuales para explorar qué tipo de sujeto es el comisario y qué clase de autoría ejerce. La pregunta central que atraviesa el libro —¿el comisario es un autor y de qué tipo?— se despliega a través de una constelación de figuras que van desde Baudelaire hasta Tracy Emin, pasando por Duchamp, Beuys, Foucault y Debord. Esta galería de personajes no constituye una historia lineal del comisariado, sino una “genealogía inestable, fragmentaria” que revela las conexiones ocultas entre diferentes formas de mediación cultural. ![]() Torres articula una tesis fascinante: que la autoría curatorial se define precisamente por su carácter especular. Como sugiere el título, el comisario opera como un “ojo espejo” que no crea desde la emanación del yo, sino desde el reflejo, la apropiación y la recomposición. Esta autoría “hecha de otros” desafía las nociones románticas de la creatividad individual y propone un modelo de subjetividad contemporánea construida desde lo colectivo. El libro funciona como un caleidoscopio teórico donde las piezas se reordenan constantemente. Torres no busca la coherencia sistemática, sino la revelación que surge del encuentro fortuito. Su método de la deriva —heredero de los situacionistas— permite conexiones imprevistas: Foucault experimentando con LSD en Death Valley dialoga con Ana Mendieta enfrentando la mirada siniestra de Carl Andre; Pollock cometiendo errores con Niki de Saint Phalle disparando alegremente a sus pinturas. Esta aproximación caleidoscópica revela una de las intuiciones más agudas del libro: que el comisariado ha desbordado completamente el espacio del arte tradicional. “Todo se comisaría: una programación de películas; una sesión de música; un banquete; un escaparate”. Torres identifica así una condición cultural más amplia donde la lógica curatorial se ha convertido en un modo dominante de organizar la experiencia contemporánea. La propuesta metodológica del autor —escribir desde la experiencia— le permite evitar tanto la abstracción académica como la mera anécdota. Los detalles que reclama la experiencia se convierten en revelaciones teóricas. Así, el paseante urbano de Baudelaire que utiliza textos ajenos para explicarse a sí mismo prefigura la condición del comisario contemporáneo que construye su identidad autoral através de las obras de otros. La tensión entre Duchamp y Picasso que Torres explora resulta particularmente iluminadora. Frente a la “imparable necesidad de producir” de Picasso, Duchamp representa una lógica diferente: la del que “no crea, sino que reproduce” y que eventualmente abandona el arte. Esta oposición permite pensar el comisariado como una forma de post-producción cultural que opera en el abandono de la creación tradicional. ![]() El libro aborda también las implicaciones políticas de esta nueva autoría. La reflexión sobre figuras como Carolee Schneemann, Makorie Strider o Chiara Fumai no es meramente inclusiva, sino que señala cómo la lógica curatorial permite visibilizar genealogías alternativas y narrativas antes marginadas. El comisariado emerge así como una práctica potencialmente democratizadora del acceso a los medios de producción de sentido. Sin embargo, Torres no cae en la ingenuidad. Su análisis del “rostro siniestro de Carl Andre frente a Ana Mendieta” sugiere las tensiones de poder que atraviesan el campo artístico y que el comisariado, lejos de neutralizar, puede reproducir o desplazar. La escritura de Torres combina rigor conceptual con una prosa ágil que hace justicia a su propuesta de un “libro ameno y sugerente”. Su capacidad para moverse entre registros —desde la reflexión teórica hasta la anécdota reveladora— refleja la propia versatilidad que caracteriza a la práctica curatorial contemporánea. “El ojo espejo” se inscribe en una tradición crítica que incluye textos fundamentales como “The Predicament of Culture” de James Clifford o “Ways of Curating” de Hans Ulrich Obrist, pero Torres aporta una perspectiva específicamente española y una sensibilidad teórica que bebe tanto del postestructuralismo francés como de las prácticas situacionistas. ![]() La metáfora del espejo que da título al libro resulta especialmente productiva. El comisario no es un creador originario sino un dispositivo de reflexión que revela tanto las obras como las condiciones de su presentación. Esta reflexividad especular convierte al comisariado en una práctica crítica que interroga los marcos institucionales y discursivos del arte contemporáneo. En definitiva, “El ojo espejo” constituye una gran contribución al pensamiento crítico sobre las transformaciones de la autoría en la contemporaneidad. Torres logra algo difícil: teorizar una práctica desde dentro sin perder la distancia crítica, y proponer un modelo de escritura que es coherente con su objeto de estudio. Un libro indispensable para entender las mutaciones de la cultura contemporánea y las nuevas formas de mediación que la caracterizan. ![]() |



