Estrategias Pop en España: estética, política e identidad (1962-1992) – Julio Pérez Manzanares

El Pop como subversión y espejo (1962-1992)

En el ecosistema de la historiografía del arte en España, ciertos periodos parecen haber sido narrados hasta el agotamiento, mientras que otros, paradójicamente, mantienen lagunas estructurales. El fenómeno del Pop es uno de ellos. Hasta hace muy poco, el interesado en esta materia debía rastrear información en capítulos dispersos de obras generales o en catálogos de exposiciones que, si bien rigurosos, carecían de una visión monográfica de conjunto. Esta carencia termina con la publicación de “Estrategias Pop en España: estética, política e identidad (1962-1992)”, una obra de Julio Pérez Manzanares editada por Cátedra que se erige ya como un trabajo “titánico” e imprescindible para comprender nuestra modernidad.

Pérez Manzanares, profesor de Estética en la Universidad Autónoma de Madrid y discípulo de la académica Estrella de Diego, no se limita a realizar un inventario de obras; propone lo que él mismo define como una hermenéutica crítica. El autor parte de una premisa audaz: el Pop en España no fue un mero mimetismo del modelo anglosajón, sino una estrategia consciente de resistencia frente al tardofranquismo y una herramienta para construir una identidad en constante disputa.

Un arco temporal entre el “milagro” y la pirotecnia

El libro delimita su análisis entre dos hitos simbólicos que definen el pulso del país: 1962 y 1992. El punto de partida coincide con el nombramiento de Manuel Fraga como Ministro de Información y Turismo, marcando el inicio del “milagro económico” y el desarrollismo. Fue el momento de la “Coca-colonización” y del lema Spain is different, una operación de marketing estatal que vendía una imagen turística y soleada de España mientras, de puertas adentro, se sofocaban huelgas y rebeliones estudiantiles.

El cierre en 1992 nos sitúa en la euforia de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, la culminación de la “década prodigiosa” del socialismo en el poder. Entre estas dos fechas, Pérez Manzanares rastrea cómo el arte español utilizó la iconografía de masas —el cómic, el diseño, la publicidad y el cine— no para celebrar el consumo hedonista, como ocurría en Estados Unidos, sino para aguijonear la realidad política.

Más allá del estilo: El Pop como estrategia

Una de las tesis más potentes de la obra es la distinción entre “estilo pop” y “estrategias pop”. Mientras que el Pop internacional suele ser visto como un movimiento despolitizado y celebratorio del capitalismo, la versión española fue intensamente crítica. El autor analiza cómo los artistas nacionales adoptaron los lenguajes de los mass media para distanciarse del informalismo —el arte “oficial” que el régimen exportaba fuera de las fronteras para simular modernidad— y conectar con una ciudadanía que empezaba a convertirse en sociedad de consumo.

Lluis Güell

Este giro hacia lo real encontró su máxima expresión en la “Crónica de la Realidad”, con colectivos como Equipo Crónica y Equipo Realidad. Pérez Manzanares destaca cómo estos grupos utilizaron el distanciamiento —en una clave casi brechtiana— para interrumpir la dominación de las imágenes y ofrecer una mirada política mordaz.

El canon revisado y las voces rescatadas

Aunque el libro analiza a los “tótems” habituales, lo hace desde perspectivas renovadas. Aparece el Eduardo Arroyo de la figuración narrativa que “asesinaba” simbólicamente a Marcel Duchamp; el Luis Gordillo y su influyente “gordillismo”; y el Juan Genovés de las multitudes y su icónico “abrazo” de la Transición. Especial mención merece el análisis de Darío Villalba, a quien el propio Warhol calificó como creador de un “Pop Soul” (Pop del alma), utilizando la fotografía encapsulada para dar voz a quienes habitaban los márgenes de la sociedad.

Sin embargo, el mayor acto de justicia intelectual del libro es su revisión feminista. Pérez Manzanares rescata del olvido o la marginalidad a artistas fundamentales que utilizaron el Pop para denunciar la domesticación de la mujer en el franquismo. Figuras como Isabel Oliver, Ángela García Codoñer o Mari Chordá reciben por fin el espacio académico que su audacia visual merecía.

De la resistencia a la Movida

La obra no se detiene en la muerte del dictador. Dedica capítulos lúcidos al tránsito hacia la posmodernidad y al fenómeno de la Movida Madrileña, analizada bajo el título de “estilos postmodernos del montón”. Aquí, el autor introduce una mirada queer y camp, analizando cómo la estética pop se recicló en un nuevo contexto de libertad lúdica, ironía y, a veces, cínica desafección. Es una sección necesaria que huye de la nostalgia fácil para diseccionar cómo la cultura de la Transición fagocitó ciertas estrategias pop para institucionalizarlas.

Un ensayo para el siglo XXI

Escrito con una prosa ágil que sortea la farragosidad de la jerga académica tradicional, el libro es “documentadísimo y clarificador”. Pérez Manzanares demuestra una generosidad intelectual poco común, dialogando con las investigaciones previas de figuras como Valeriano Bozal, Simón Marchán o su propia maestra, Estrella de Diego.

Como crítica menor, se ha señalado que la obra ganaría aún más con un índice onomástico detallado que facilitara la navegación por sus más de 300 páginas, dada la densidad de referencias y nombres que maneja. No obstante, esto no empaña el hecho de que estamos ante la enciclopedia definitiva del Pop español.

En conclusión, “Estrategias Pop en España” no es solo un libro de historia del arte; es un tratado de historia de las ideas y de las mentalidades. Revela cómo los artistas españoles dejaron de ser “diferentes” para ser modernos, utilizando la estética no como un fin en sí mismo, sino como un arma y un espejo frente a una sociedad que despertaba al televisor mientras soñaba con la libertad. Una lectura obligatoria para cualquier profesional o entusiasta que desee entender cómo las imágenes de hace seis décadas siguen configurando lo que somos hoy.